Mónica y sus siete hermanos sufrieron diversos tipos de abusos por parte de su madre y su pareja. La intervención de la iglesia redirigió el camino de los ocho pequeños, y ahora están escribiendo una nueva historia para sus vidas.
En una pequeña casa de madera, llena de humo de la estufa de leña, la inocencia de una niña de 11 años fue robada. Mónica aprendió demasiado joven que, a veces, los mayores peligros provienen de quienes tenemos más cerca. Su infancia terminó demasiado pronto, marcada por el abandono, las adicciones y la crueldad de su madre.
Algo bueno que hizo su madre fue inscribir a Mónica y a sus dos hermanos pequeños en el programa de Asovisión. Aunque luego les prohibió asistir y los trasladaba constantemente, el personal del programa no los abandonó.
Mónica era la mayor de siete hermanos: seis niñas y un niño. Vivían hacinados en una minúscula habitación sin servicios básicos, compartiendo arroz con las manos por falta de utensilios.
El pastor y el personal del programa buscaban a Mónica y sus hermanos cada vez que desaparecían. Las condiciones eran cada vez más desgarradoras: sin agua, electricidad ni baño, en una humedad asfixiante.
«Mi madre se emborrachaba y me perseguía con botellas rotas, amenazando con matarme. Nos pegaba a mí y a mis hermanos, así que yo le decía que me pegara a mí en vez de a ellos», recuerda Mónica. También la obligaba a beber alcohol desde los 11 años.
Un día, Mónica fue a la iglesia sin su madre. El equipo aprovechó para hablar con ella. Con lágrimas en los ojos, reveló el abuso que sufría. La iglesia intervino de inmediato.
Ya en un lugar seguro, Mónica descubrió que estaba embarazada de la pareja de su madre. Tenía 14 años. Ya había estado embarazada a los 12, y su madre la obligó a abortar, casi muriendo por una hemorragia.
Hoy, Mónica tiene 15 años y cuida con amor a su bebé de 6 meses. Gracias a la intervención de la iglesia y Compassion, ella y sus hermanos escaparon del peligro. Su madre y su agresor están en prisión.
Viven con su abuela de 80 años, y la iglesia cubre sus necesidades. Mónica estudia informática en el programa y sueña con volver al colegio. Guía a sus hermanos con sabiduría y amor.
«Si no hubiera estado en el programa, ahora estaría viviendo debajo de un puente. Mi vida habría sido un desastre», explica.
Cuando el atardecer se posa sobre su pequeña casa de madera, Mónica arropa a sus hermanos y a su hija. Donde antes había miedo, ahora hay risas y oración.
Su historia es más que supervivencia: es un testimonio de restauración divina. Incluso en los rincones más oscuros, la luz de Dios puede transformar vidas.